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Colores.

diciembre 19, 2009

Descubriendo la manera en que nuestros antiguos conseguian los colores me di cuenta que el artesano capaz de sacarle el Carmen a las cochinillas, el  Púrpura a las caracolas o el Lapislázuli a las entrañas de la tierra era capaz de darle a los pintores el tinte de los sentimientos.

Resulta tremendamente llamativo la manera en que el purpura se conseguía, y sobre todo la llamada “Púrpura de Tiro”, para realizar un solo grámo de este tinte  se necesitaban unas 10.000 conchas de una especie de la familia Murex, que no tenian una coloración determinada, después se hervian en unas tinajas esas  conchas hasta que sacaban una baba con mucho hedor que tampoco tenía color; era una baba parecida a la de los caracoles comunes, tras dejar enfriar esa  baba se sumergian las telas y se dejaban secar durante diez días, no era hasta los últimos días de ese proceso cuando las telas empezaban a adquirir ese  Violáceo tan llamativo que estaba destinado tan solo a los emperadores romanos y que llegaron incluso a prohibirlo para el resto debido a su complicada  consecución y su regio porte. No alcanzo a comprender que extraño suceso casual pudo ocurrir para que alguien descubriera que tras ese laborioso y  complicado proceso aparecía de la nada el llamativo “Purpura de Tiro”.

Es más comprensible saber como se descubrió el Lapislázuli o el Carmen, ya que tan solo hay que ver una veta de ese extraño mineral o aplastar ese parasito de los cactus sudamericanos para entender que de ahí se puede sacar un color maravilloso, unos colores que todavía ninguna mezcla química ha conseguido igualar, en los talleres de restauración de la artística Florencia se sigue comprando lapislázuli para restaurar un retablo del siglo XV porque ningún color con un código patentado puede igualar el brillo en una madera de un trozo de piedra de las minas donde se esconde Osama macerado en un cuenco de bronce por un artesano italiano.

Esa artesanía que tan poco valoramos en un mundo en el que todo se reduce a ir más rapido, a ser más eficiente y a ser más productivo es el que nos hace perdernos las pequeñas cosas de la vida, disfrutar con la sonrisa de un bebe en el metro mientras ganamos unos segundos de vida intentando con monerias que no se le borre, quedarte embobado tras los cristales de tu casa con una taza de té buscando figuras entre las gotas de agua que la lluvia te ha regalado, sentarte en un parque de la ciudad sin hacer nada más que mirar a ningún sitio y concentrandote en respirar muy despacio, deleitandote con cada bocanada, sintiendo el vaivén de tu pecho.

Yo no se el tiempo que estaremos en este mundo, pero mientras estemos en el; prefiero pintar mi corazón de Purpura, colorear mi cielo de Lapislazuli y besar unos labios Carmesí.

3 comentarios leave one →
  1. Marla permalink
    enero 1, 2010 12:37 am

    Sorprende la delicadeza con la que hablas de las cosas, no se corresponde con tu imagen, pero es lo que suele ocurrir con los prejucios que siempre son equivocados.
    Un beso.

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  2. Lucía permalink
    octubre 14, 2010 6:35 pm

    Ésta reflexión es pura armonía, arte y sentimiento.
    me ha encantado.

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  3. octubre 15, 2010 10:02 pm

    Me encanta que te haya parecido algo tan melódico Lucia, solo con que te hayas molestado en leerlo ya tienes mi agradecimiento.

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