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Yo me acuso.

marzo 30, 2011

En estos tiempos en los que todos criticamos y desviamos la atención hacia otros, parafraseo a Émile Zola para acusarme de haber defendido una postura de la que hoy, me avergüenzo.

Yo hace tiempo defendí la Energía Nuclear.

Lo hice como solución al cambio climático y el calentamiento global, lo hice imbuido por el peso de la opinión de quien considero autor de la teoría más bella jamás enunciada, la Teoría Gaia, el paladín del ecologismo James Lovelock defendía que la ausencia de emisiones de CO2 y lo barato de la Energía nuclear la hacían la única alternativa viable a los combustibles fosibles, con un argumento razonable y el peso de mi admiración acepté esa opinión como propia, no consideraba que los residuos fueran peores que los millones de emisiones de CO2 a la atmosfera y mis 6 años cuando ocurrío el accidente de Chernobyl me impedía valorar en su justa medida que no hace falta más que un accidente para arruinar la vida en nuestro planeta.

Yo la defendía, pero ya no, me avergüenzo de haber colaborado mínimamente a restar un ápice de la gravedad que tiene el uso de esta energía incontrolable que de nuevo 24 años después nos asusta en Fukushima, y no nos asusta lo que debería.

el Accidente de Chernobyl pudo haber hecho inviable la vida en toda Europa durante la friolera de 24.000 años que es lo que el Plutonio 139 tarda en desaparecer de la faz de la tierra, toda Europa inhabitable si no hubiera sido por los 900.000 liquidadores, nombre que se les dio a los operarios de limpieza, que dieron su vida para cerrar la fuga en turnos de 2 minutos recibiendo el equivalente a 50.000 radiografías en sus exiguos turnos. Los muertos, cancerosos y deformes son por todos tristemente conocidos. Hoy escribo esto desde mi habitación de Madrid porque 900.000 ciudadanos Rusos dieron su vida por el futuro de todos los europeos; No haría falta más que un accidente como el que hoy ocurre en Fukushima para cambiar el mundo tal y como lo conocemos, todo lo seguras que han sido las centrales nucleares durante estos años de poco nos iba a servir si un Chernobyl incontrolable sucede en este planeta, los apocalipsis y fines del mundo bíblicos o mayas pueden provenir solo de una simple reacción física de algo tan nímio como un átomo que pensamos que podemos controlar, la soberbia humana puede pagarse cara si no eliminamos y desmantelamos una por una todas las centrales nucleares de este nuestro planeta, que ya no puede más.

Solo el viento, el sol y el agua deben ser los que nos sirvan para abastecernos de nuestras locuras, o la próxima vez quizás no haya 900.000 locos dispuestos a dar su vida para evitar que nos acojan como refugiados en Africa.

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