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Mi 15M.

junio 10, 2011
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Esto no es más que una reflexión personal, una manera de hacer honor al título de este blog y vaciar en esta entrada mis sensaciones de la manera más transparente posible, como método de catarsis, haciéndo caso de Aristoteles. He reflexionado muchas horas durante los dos últimos años sobre el futuro que me aguardaba, muchos momentos personales me hacían intentar planear lo que sería mi vida, un plan vital, algo consustancial al ser humano que es el único ser vivo que mira más allá de su presente. Todos en algún momento han tenido un pensamiento de este tipo, y esta generación al hacerlo, ha llegado a la misma conclusión. Nos han hipotecado el futuro.

No había sueño posible, por eso ha nacido otro.

Soy un privilegiado, gracias a mis padres tengo una casa donde refugiarme cuando el mercado laboral me repudia, no me falta de nada y no preguntan cuando a mis 31 años vuelvo a la habitación donde la pared frente a la que duermo ha visto posters de Vicky el Vikingo, Kikogol, Samantha Fox, Los Animales en Peligro de Extinción, y ahora, una edición límitada de La Naranja Mecánica, puede que ese sea mi futuro, mi progreso vital es cambiar el póster de la habitación que mis padres me regalaron.

Ellos consiguieron que pudiera prepararme, me dieron la posibilidad de progresar de la manera que ellos no pudieron hacer, me otorgaron tener más de lo que ellos pudieron tener, y a pesar de conseguir todas las herramientas que me darían un futuro mejor, el fracaso ha sido estrepitoso. Tengo la sensación de que todos los conocimientos que he conseguido, todos los títulos, saberes y progresos académicos, solo han servido para decorar un curriculum que leer de vez en cuando para sentir frustración y pena. Sé quienes son los responsables de que mis padres y los vuestros tengan que sufrir por ver que todo lo que han hecho por nosotros no sirva para tener una vida mejor, lo se y lo sabemos todos.

Por eso ha llegado un momento que no hemos soportado más tanta indignidad, tanta injusticia y tanta desigualdad. Muchos se preguntan en que acabará este movimiento de indignación; No lo saben, no lo sabemos, no lo sé. Pero si sé que me ha hecho sentirme orgulloso de la sociedad en la que vivo, del país en el que vivo, mucho más que ganar un Mundial o escuchar un himno, me ha hecho sentirme partícipe de un grupo, que como yo, siente lo mismo que tanto tiempo vengo sufriendo en silencio, a veces entre lagrimas, por no dar a la gente que quiero la posibilidad de ser más felices, de que se sientan orgullosos, de hacer la vida de todos ellos mas fácil, de estar junto a mí. Cuando veo las miles de fotos de esos ciudadanos que  han salido en la calle, me veo reflejado en cada mirada, en cada gesto, en cada grito, en cada mensaje. Porque son los mios, porque comprendo perfectamente todos los sentimientos que subyacen en cada uno de ellos, porque los he vivido, porque llevan conviviendo con mi desesperación todos estos años.

Es posible que esto no cambie nada en lo político, pero me ha cambiado a mi, nos ha cambiado a todos, nos ha hecho hermanos. Soy mejor persona que hace apenas un mes porque habéis hecho que mi grito de hartazgo personal sea el vuestro, habéis cogido aquello que llevo tanto tiempo dentro de mi haciéndome pesada la existencia, y se lo habéis enseñado al mundo, porque cada grito vuestro en cada parte del planeta, es el mío. Y solo por eso, este movimiento ha merecido la pena.

Gracias por hacerme ver que no estoy solo.

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