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EL PAÍS; Siervo y vasallo.

marzo 4, 2012

Javier Ayuso, el jefe de la Unidad de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa del Rey antes de tomar posesión del cargo ha empezado a ejercerlo con gran implicación. El señor Ayuso ocupó cargos de importancia en el diario El País durante 7 años, y el contacto con el Juan Luís Cebrián se ha mostrado indeleble hoy en el editorial de El País. Una editorial que trasciende el papel cortesano que este periódico suele tener para convertirse en un medio prostituido al servicio del Rey saltándose el libro de estilo que en su página 17, en el artículo de los principios 1.3 establece que:

‘El País Rechazará cualquier presión de personas, partidos políticos, grupos económicos o ideológicos que traten de poner la información al servicio de sus intereses. Esta independencia y la no manipulación de las noticias son una garantía para los derechos de los lectores, cuaya salvaguardia constituye la razón última del trabajo. La información y la opinión estarán claramente diferenciadas entre sí’.

El editorial entra siempre dentro de la opinión, es el artículo que El País tiene reservado a la pluma de Juan Luís Cebrián y que en el día de hoy ha demostrado no servir a los lectores, sino a los intereses de otras instituciones. El Inicio del texto deja a las claras cuál será el tono.

‘El pasado día 27 de diciembre, en el palacio de las Cortes, una abrumadora mayoría de los diputados ovacionaba largamente al rey de España, que había acudido al Parlamento para inaugurar la X Legislatura. Aquel aplauso, que emocionó al Monarca, evidenciaba el apoyo de los representantes de la soberanía nacional tanto a la figura del Rey como a la institución que encarna.’

‘Abrumadora mayoría’, ‘Ovacionaba largamente’, ‘Aplauso que emocionó’. ‘Evidenciaba el apoyo’. Cualquier texto periodístico, la editorial lo es, evidencia su manera de proceder en base a la utilización de los epítetos, el uso de frases y adjetivos peyorativos o elogiosos son los que marcan el enfoque de un texto, lo idóneo es que sean de tipo neutro para no provocar el denominado efecto lupa que es enfocar la culpa, o elogio, sobre una de las partes. Una opinión puede ser más laxa con esta regla, pero contraviene, cuando se trata de el editorial de un periódico que se precie de ser independiente, al mínimo rigor exigible.

‘A raíz de estos sucesos, sin embargo, algunos han pretendido que la familia real se encuentra cuestionada por la opinión pública, pese a que la ovación parlamentaria así lo desmiente. Otros pretenden alimentar un debate sobre la jefatura del Estado que no es más que una contorsión intelectual y mediática que la sociedad española debe rechazar con toda contundencia’.

Quizás una de las partes más graves del editorial de El País. Primero, porque parece desconocer cuál es el significado del término Opinión Pública, que no es más que la impresión de la sociedad ante unos hechos determinados, que la conforman todos los actores de la sociedad y que se crea con multitud de actos y realidades y que por encima de todo es patrimonio de la ciudadanía, en ningún caso es un elemento soberano de los representantes elegidos democráticamente, sino del total de la sociedad. Habermas, Bordieu y Walter Lippman escribieron mucho y bien sobre el tema, mucho mejor que el reduccionismo absurdo del editorial de El País. 

El Segundo punto, más grave aún, del parrafo resaltado, es la negación del derecho de los ciudadanos a protestar, discrepar o poner en duda una institución por el Caso Urdangarín. El argumento esgrimido para ello es que los representantes elegidos para el congreso mostraron su adhesión mediante aplauso en las cortes al Rey. Los ciudadanos tienen el derecho, el deber, y la libertad de protestar quejarse o poner en duda cualquier institución; No ya por el Caso Urdangarín, sino por cualquier hecho, ideología o deseo que tengan. El editorial de El País exige a los ciudadanos una Adhesión inquebrantable, un hecho que no es caracteristica de una sociedad democrática y avanzada, sino propia de regímenes que no toleran la disensión, de regímenes autoritarios y carentes de libertad.

Pero solo la frivolidad, el populismo y el amarillismo periodístico, o la mezcla de los tres, permiten confundir la crítica que merece el comportamiento no ejemplar de Iñaki Urdangarin con un debate sobre el futuro de la Monarquía. Una conducta presuntamente irregular de aquel para nada significa una crisis de legitimidad en la jefatura del Estado, ni es admisible abrir una discusión ficticia sobre ello al hilo de las lucubraciones y cotilleos de la prensa rosa y los programas del corazón (que más bien parecen del hígado). Si algo ha quedado claro, por lo demás, en la maraña del caso Nóos es que el Rey ordenó hace años a su yerno que dejara los negocios privados.

El Párrafo resaltado a continuación precisa de poco análisis. El insulto y el menosprecio por todos los que consideran el debate sobre la Casa Real necesario, y cuestionan la pervivencia de una institución anacrónica y opaca, no es propio de un periódico que ha sido referente periodístico de este país. Si cabe incidir en una frase que aparece en el texto, la manera de definir el comportamiento de Iñaki Urdangarín. ‘Comportamiento no ejemplar’. No es casualidad que el término usado sea el que Rafael Spottorno jefe la Casa Real, usara en un desayuno con la prensa para hacerles saber que Urdangarín sería apartado de la Casa Real por su ‘Comportamiento No Ejemplar’. El Lenguaje nos define y los define.

‘La corrupción del discurso’ es un artículo publicado en el Diario El País por Lluis Duch y Albert Chillón el día 4 de Noviembre de 2011, en él los autores destripan la neolengua orwelliana que reduce la complejidad de los hechos a una jerga destinada a adoctrinar. en uno de sus párrafos dicen lo siguiente.

‘la perversión del discurso medra a manos de quienes adrede lo adulteran en aras del populismo, el mesianismo y la demagogia, cánceres de cualquier democracia y razón posibles’.

El editorial de El País ha faltado a la ética periodística que se le debe exigir a un periódico de su importancia, mermando con su actitud la calidad democrática de este país, incumpliendo su labor como medio de comunicación, intentando negar a una parte crítica de la ciudadanía su derecho a discrepar y retorciendo el lenguaje para intentar adoctrinar en base a los dictados llegados de la zarzuela.

Editorial íntegra de El País ‘El ‘Caso Urdangarín’ y el futuro de la monarquía’. 

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